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Homenaje a Ángel García Villar. Miembro de Teruel Existe

Teruel existe pierde un pilar pero gana un Ángel de la guarda. Un ciudadano: Ángel García villar
Temprano, esta mañana de verano pleno se ha ido de viaje a la eternidad un compañero. Y en esas brutales vacaciones que el dolor impone, obligándonos interrogantes a levantar los ojos buscando en el firmamento sin fronteras algún signo de su itinerario y la dirección de su próxima casa, el silencio sereno de esta ciudad responde mostrándonos el cielo de Teruel tachonado de estrellas reflexivas, vigilantes discretas y contestatarias, amantes apasionadas, como él, de este inmenso cuadro terreno que es nuestra provincia. ¿Cómo se ve desde ahí, quisiéramos preguntarte, el trozo de este territorio con atardeceres tan malvas, naranja fuego y rabioso amarillo, los martes a las 20 horas? Ese pequeño silencio blanco refulgente de una voz ciudadana que clamó y clamará ahora ya para siempre tu pervivencia junto a los tuyos, que son muchos más que dos y que doscientos y que doscientos mil, contesta en la tertulia como un soplo de ánimo, porque a lo largo de estos años has enseñado la fuerza del sentido común y la solidaria rebeldía, generosa frente a la indolencia e indiferencia tan de moda, porque has dejado aquí innumerables imágenes de constancia y coherencia pidiendo un desarrollo justo para esta provincia, sin evadir un ápice tu voluntario compromiso con ella, sin perseguir cargos ni laureles fatuos, ganando cotidianamente a pulso de dignidad el único y más alto título que a un habitante de la tierra cabe: la de ser un auténtico y verdadero ciudadano. Ángel humano hasta la médula y caballero en el más estricto sentido de la expresión, callado en su dimensión social, siempre dispuesto y disponible a compartir trabajo, penas y alegrías, incansable, diligente y pulcro en su quehacer diario. Un ciudadano, sólo y nada menos que eso: un trabajador, un funcionario honesto y un hombre comprometido de verdad con su entorno y sus semejantes. Amigo inolvidable y animoso, no has muerto, has decidido viajar esta vez mucho más lejos de Bruselas y, para seguir luchando por tu provincia, mirando esa estrella que encima de la cabeza del toro recuerda la leyenda medieval en el escudo turolense, has encontrado una que será tu eterna residencia. En ella desde hoy estará para siempre abierta la pancarta de “Teruel existe”. Esa es tu dirección y tu correo, el nuestro es el de siempre. Desde lo más profundo de nuestros sentimientos, una palabra: Gracias. Hasta luego.

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